El 1 de octubre, mientras China celebraba 70 años de revolución, el balazo de un policía perforaba el pecho de un manifestante en Hong Kong. Fue la primera vez que se utilizó munición real desde que empezaron las protestas. Mientras Xi Ping cumplía todos los clichés hablando del orgullo nacional, la reunificación y la determinación del pueblo, Hong Kong continuaba descendiendo en una espiral de violencia que va a terminar con algún tipo de intervención del gobierno chino. La posible desaparición de Hong Kong como sociedad abierta es un espejo de la decadencia de Occidente, de una cultura polarizada sin un proyecto común que ya no cree en los valores que la definen, en particular la libertad, la razón y la democracia. China está exportando un sistema través de su expansión económica. Un totalitarismo digital capitalista que ejerce su poder a través de la deuda y la inversión, amenazando con alterar las dinámicas del máximo valor que reconocen los mercados globales: el dinero. ...
En septiembre de 1938, Francia e Inglaterra firmaron el Acuerdo de Múnich, en el cual aceptaron que Alemania se anexara una parte del territorio de la antigua Checoslovaquia. Entonces se justificó la decisión como un intento por mantener la paz y evitar que Europa fuera arrastrada nuevamente a la guerra. La tesis que se impuso fue que si a Hitler se le daba lo que quería podía ser “pacificado”. Cincuenta millones de muertos después entendieron cuán equivocados estaban, las negociaciones nunca tuvieron la más remota posibilidad de modificar las pretensiones del nazismo. Ahora, no estoy comparando al chavismo con el nazismo, aunque está de moda, ni estableciendo paralelismos entre ambas situaciones porque son muy diferentes. Utilizo el Acuerdo de Múnich porque me permite ilustrar un punto importante: para evitar un conflicto todas las partes involucradas deben estar comprometidas con la paz. Si un sector elige la violencia y la ejerce, el otro no tiene la capacidad de evit...
Pa by DazMedrano Un pequeño libro de cuentos de Oscar Wilde que ha estado en mi biblioteca por más de quince años fue el inicio de mi amor por la literatura. “La República” de Platón, en aquella edición de carátula dura recubierta con una sencilla imitación de cuero marrón que aún conservo, despertó en mi la sed de conocimiento y la pasión por la filosofía. Mi adorado “Libro de los Mundiales”, que perdí en alguna de tantas mudanzas, me enseñó que el fútbol es el deporte más hermoso del mundo y que sería una de las cosas, junto a las otras dos que he mencionado, que le daría sentido a mi vida. Tú me regalaste esos tres libros. Me enseñaste a leer y en ellos aprendí a reconocer lo verdaderamente importante; descubrí el camino que conduce al hombre que quiero llegar a ser. Te debo la vida y gran parte de lo que soy. Jamás podré recompensarte, tu sacrificio es demasiado grande, quizás lo pueda entender cuando yo también haya creado una vida. Tan sólo le pido...
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